El bar de Margarita se encuentra ubicado en Mendoza 2.062 y funciona los viernes a partir de las 22. En el corazón de El Bosque, puede ser uno de los tantos que existen en los barrios: pobre, muy humilde, y aguantadero de oscuros personajes que viven historias reales en un mundo no muy fácil de comprender para la moral corriente. Allí se ama una pareja de adolescentes, perseguida por la hermana del muchacho y la madre de la chica. Una prostituta está dispuesta a entregar a su propia hija a un compadrito, pero no sin dejar de participar en ese triángulo amoroso. Todo esto sucede a la vista de unos parroquianos marginales y extraños, que a la vez también quieren participar y sacar ventajas de la situación; todo esto al ritmo del penoso tango y del alegre Cha Cha Cha. La única cuerda en todo este relato parece ser la misma Margarita, obsesionada con la limpieza.

Manojo de Calles volvió a estrenar su celebrado "Tango Cha Cha Cha", y como tiene acostumbrado a su público, se trató de una fiesta. Lo bizarro y lo grotesco se dan de la mano en esta comedia, atravesada de algún costumbrismo, con fuertes escenas, en las que seguramente algunos espectadores se preguntarán cuán serio es el teatro como institución.

Durante la hora que dura el espectáculo los actores interactúan constantemente con el público, y como el bar de Margarita se sitúa en un espacio que también está acondicionado como tal, no es sencillo distinguir (por momentos) si el que está sentado en una silla alrededor de una mesa es un intérprete o un espectador. Sea como fuere, el público ríe y se divierte con esta obra. Con hilarantes escenas, absurdas en algunos casos, como cuando la pareja de adolescentes escapa en una moto verdadera haciendo equilibrio para no chocar a los espectadores ni a los propios actores.

Si la puesta es zarpada al extremo, atrevida por donde se la vea, un párrafo especial merecen los actores, que sin dudas poseen un entrenamiento ajustado que les permite trabajar en esa agitada dualidad que es el grotesco por naturaleza; incluso, cargando prótesis en distintas partes del cuerpo. Iván Santos Vega, Ana Hynes, Flora Illuminato, Valeria Núñez, Ileana Ruiz, Sandra Centeno y Betina Bendezú se llevan los mayores aplausos. La dirección es de Verónica Pérez Luna.